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locos de amor

Elizabeth. Ana. -Fue la breve presentación de Mariano.

-Espero que gocen sus vacaciones. La casa continúa vacía prácticamente todo el año, con lo que siempre y en toda circunstancia es agradable contar con amigos en ella. Solo un favor, no traten de entrar a la habitación de puertas negras, pertenecía a mi padre. Ahora discúlpenme, deseo reposar un tanto, el viaje fue largo y tortuoso.

Ni tan siquiera nos había dado la ocasión de abrir la boca cuando dio media vuelta apartándose de forma lenta de nuestra vista. La túnica blanca que le cubría dejó traslucir su cuerpo al cruzar el rellano de la sala. Su desnudez me alteró al grado de proponerle a Jorge retirarnos inmediatamente.

-¡Bonito caftán, ese! – afirmó Jorge sin quitarle la vista de encima.

-¡Bonito caften, eres ! -estaba realmente molesta con el atrevo de Jorge. Si no, por qué razón emplear esa palabra que ya había quedado sepultada en mi memoria. La sola idea de meditar en tratantes de blancas me estremecía. Cuando conocí a Fabián, hace ya muchos años, le pregunté: “A qué te dedicas”; con una actitud soberbia me respondió: “soy caften y me agradaría que colaboraras conmigo”. La palabra caften, como el la pronunciaba, adquiría un acento más francés que turco. No sé qué me imagine que podría ser aquello de caften, mas la palabra sonaba interesante y no deseé probar mi ignorancia de pequeña bachiller frente a él, conque admití ser su cooperadora. Primero como novios, entonces amantes y al final, un día me llevó a una enorme celebración de diplomáticos en donde pronto supe que iba en calidad de mercadería y no de convidada.

Un tipo rubicundo y medio pelado me aguardaba en la alcoba con una copa en una mano y un Habano en la otra. Me recibió con una sonrisa afable, con el aplomo de un lama tibetano haciéndome sentar a su lado. Fabián me había rogado ser exageradamente afable con el Embajador puesto que de él dependía la resolución de ciertos esenciales negocios con los que podríamos viajar a Medio Oriente.

-Ponte cómoda, chica -en ese instante me pareció una convidación paternal, puesto que el zutano podría ser prácticamente mi abuelo. Mas apenas me acomodé junto a él me tomó de los hombros conduciéndome suavemente hasta sus labios. El sabor del tabaco se confundía con el aroma de un embriagante perfume que acabaron por excitarme. Mientras que me besaba, sus diligentes dedos abrían los botones de la camisa y se internaban presurosos bajo el corpiño de seda hasta apretar mis senos con tal suavidad que me resultaba bien difícil resistirme a semejantes caricias. Resuelta a todo, me desprendí de la camisa para obsequiarle mis tetas. Era como descorrer las cortinas del Lido de la ciudad de París. La frente me ardía, avanzo sus manos cara mis pechos y con su dedo índice pareció oprimir todos y cada uno de los botones de las constelaciones del Cosmos cuando por último llegó hasta mi pezón. La Vía Láctea empapó mi calzón.

Después, cuando fumábamos muy abrazados y desnudos todavía, comprendí el auténtico sentido de la palabra caften y entonces entendí el género de trabajo que efectuaba Fabián. Nunca lo volví a ver.

-No me afirmarás que estás recelosa. Te has quedado pálida, como fallecida. -con estas palabras, Jorge me envolvió en sus brazos y prosiguió diciendo:

-Tú englobas todos y cada uno de los espacios de mi psique, de mi cuerpo. El sexo acerca más que el amor y aún no nace quien pueda suplirte en las artes del placer. No te sientas recelosa, no hay motivo.

No eran celos los que sentía en ese instante, y menos por Jorge a quien me unía un amor más fraternal que carnal. Era la posibilidad de perder la atención de Mariano lo que realmente me intranquilizaba. Asimismo el fugaz recuerdo de Fabián, recobrado ahora, tras quince largos años de aguardar su llamada. El orgullo y la dignidad son vanas consejeras de la ética, se refugian tras el caparazón de la razón y despiadadamente acaban por extinguir la pasión. ¿Qué habría sido de mí, de haber admitido el viaje con Fabián, sus condiciones, su modo de vida? No estoy segura, mas por lo menos no me hubiera visto apartada a ser una perfecta historiadora ama de la casa, viajando cada fin de semana al súper, fingiendo placer en la monotonía de exactamente los mismos brazos, bajo las dulzonas palabras que acaban por perder su sentido, haciendo el amor como quien se lava los dientes, despellejándome los sentidos al paso del tiempo. Cuando menos hubiera conocido otros países, otras personas; me hubiera internado en la flagelación incesante de entregarme a otros con el lúbrico placer que da el temor, la falta de seguridad. Abrir el grifo por el que corre tanta adrenalina al sentir la mano extraña sobre tu piel, sentir esos dedos extraños penetrando entre tus piernas hasta hacerte chorrear los jugos con el fervor de una loba en celo, sexo anal videos de sexo culos videos de mujeres videos de culos cronicas porno chochos videos chicas porno videos tias porn xxx webcam porno pornos anales. Ahora lo sabía de determinado.

Tras comer, Mariano no retornó sino más bien hasta el anochecer. Jorge se había mantenido al lado de la alberca en duermevela y daba vueltas por las habitaciones así como mis pensamientos. Algo me molestaba en aquella casa y no deseaba reconocer que se trataba de la muy inoportuna presencia de Elizabeth. ¡Era tan joven para ser tan rica! Deseé justificar su fortuna merced al accidente de haber nacido dentro de una familia de estirpe. De este modo cualquiera puede ser millonario. Mas no era eso lo que de verdad me irritaba, sino más bien su altiveza, esa seguridad de quien sabe ordenar y ser obedecida. Tal vez su extraña belleza y saberme en desventaja, si bien asimismo me sabía preciosa y atrayente. A cada momento consultaba el reloj y los minutos parecían pasar de forma lenta con un desgano tal que se antojaba adelantar las manecillas. Sin darme cuenta, me dirigí cara la alberca. Ya no recuerdo lo que afirmé mas insulté a Jorge. Lo acusé de evadirme, de estar pensando en ella y no sé que otras tonterías le aduje.

La discusión derivó en un enfurezco mutuo que nos condujo al más profundo de los silencios. Esos silencios tan usuales entre nosotros producto del hastío y hastío, de la incomprensión y la intolerancia.

Jorge se refugió en la habitación y aproveché la ocasión para aproximarme a Elizabeth quien se hallaba en ese instante tenida al sol, apenas cubierta por su transparente caftán.

Sin voltear a verme me invitó a sentar a su lado.

-En el amor, me afirmó- más que charlar de lealtad charlemos de fidelidad, exactamente con lo que de amistad tiene el amor. La fidelidad es indispensable que exista. Si eres infiel con la persona que está más cercana a ti, ¿qué confianza de fidelidad se puede poner en ti ? Me da la sensación de que es lo único exigible. Si el amor se marcha convirtiendo en otra cosa, si la rutina lo va estropeando, la primera cosa que debes hacer es tener una charla con esa persona, decirle lo que piensas y también procurar, con ella, reintentar el amor. Eso es lo que Jorge ha tratado de hacer contigo y no lo has entendido. Todavía tras una infidelidad hay que tener la fidelidad de decirlo. Si no, el sentimiento se convertirá en resquemor y este lo corrompe todo.

Quedé estupefacta ante aquella conclusión y me sentí algo traicionada por Mariano al revisar que Elizabeth sabía de nuestro asunto y no obstante deseé revisarlo. -¿por qué razón me afirmas esto ? – le interrogué.

– Vives equivocada. Identificas el amor con la posesión y la penetración y eso es ya viejo. Hay quienes creen que los jóvenes como , son muy, muy raros restregándose unos contra otros en las discos y después salen de allá y cada uno de ellos se marcha a su casa. Mas es que realmente, han estado haciendo el am

or sin penetración pues no la precisan. Ya antes existían quilómetros de distancia entre el sofá y la cama. Ahora todo planeta tiene un sofá convertible y eso es horrible, pues de pronto, te percatas de que te has comido el postre sin pasar por los temtempiés. Entonces, ¿Qué relevancia pueden tener para ti esos pequeños roces, esas segregas caricias, enigmáticas, prácticamente arrebatadas, ese beso a hurtadillas, esa mirada en la mirada ?. Tras haberse tomado el postre, los temtempiés ya carecen de sentido. Y el camino de vuelta al amor es costosísimo. De ahí que, , que no estoy a favor de la castidad y que no me inscribiría a ese club… me semeja, entre otras muchas cosas, que el sexo sin pasión, es como danzar sin música, mas el amor sin sexo es no danzar. Hay que hacer el amor al son de la pasión.

Las palabras de Elizabeth me apresaban. Su monólogo parecía estar dirigido en especial a mí. La proseguí hasta el jacuzzi para proseguirla escuchado.

– La pasión es diferente del amor. La pasión es un amor que se reconcentra, que se aísla, que suprime todo el resto del planeta, que se queda cara a cara con el amor desnudo y solo. Esa es la pasión y únicamente se puede tener una vez en la vida. Y también como una larga guerra de la que se vuelve, si se vuelve, totalmente alterado, con los ojos mirando de otro modo y con el ánima quebrantada y comprensiva. De un amor se puede salir limpio y preparado para otro amor. De la pasión, no.

A lo largo de un largo rato guardamos silencio. Las dos tomábamos vino y poquito a poco me comencé a sentir un tanto confusa.

No sé en que instante Mariano se había incorporado a la conversación y ahora Jorge asimismo entraba en la gran tina de burbujas.

Absolutamente nadie charlaba. Únicamente intercambiábamos miradas furtivas. Todo se sostenía a la expectativa, como soldados que aguardan la señal para el ataque.

Al salir de entre las espumas Elizabeth dejo al descubierto su cuerpo desnudo, era excepcionalmente fina su piel bronceada y sus senos firmes indicaban la juventud que reflejaban sus ojos cristalinos.

Jorge la prosiguió con su mirada mientras que iba y retornaba con otra botella de vino. Ese instante fue aprovechado por Mariano quien sorpresivamente llevo el dedo de su pie hasta mi sexo haciéndome chorrear inmediatamente. Prudentemente me aproximé a él para acariciarle desde los muslos hasta llegar al punto que más me interesaba. Lo tomé de forma fuerte y sin preocupación comencé a acariciarlo con fervor. Elizabeth se aproximó asimismo a Mariano besándolo agitadamente en los labios. Sentí de repente una saña que debí contener para no perderlo. Jorge observaba aquella escena con determinado placer morboso. Salió de la tina y se distanció perdiéndose de vista.

Mariano se dejaba estimar por nosotras. Bajo el agua deseé hacerlo acabar para reducirlo a la impotencia, justo cuando sentí la recia penetración de Jorge. Me deje caer en los brazos de Mariano quien aprovechó la ocasión de penetrarme por el frente, y Elizabeth se dedicó a besar a Jorge.

Aquel encuentro parecía inacabable. Proseguimos sobre la alfombra y al final todos cambiamos en exactamente la misma cama abrazados unos a otros. De este modo amanecimos.

Al despertar viré la vista cara Jorge, entonces entendí el cariño que le tenía, entendí la admiración que me había conducido hasta él, mas asimismo me descubría a mí por vez primera. El había hecho lo imposible por reinventar el amor, mas para mi todo era más claro, de un amor se puede salir limpio y preparado para otro amor. De la pasión, no.

Salí de la cama como liberada de una enorme culpa que había cargado a lo largo de años, bese a Mariano y después a Jorge, me calce mis sandalias y sin nada más que los vaqueros y mi camisa me hallé de súbito a pie de carretera pidiendo un “ride” para California.

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