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Entrenando a mi Hijastra

La madre de Sandra se volvió a casar cuando ella tenía 17, nunca fueron muy unidas, su madre solo se preocupaba por el trabajo y por los hombres con los que podía salir hasta que un día trajo a uno a casa a comer lo cual no sucedía muy a menudo. Se notaba que era mucho mas joven que ella pero el estaba muy amable tanto con ella como con su madre y pensó que no le desagradaba. Un par de semanas después le anuncio que se casaría con el y se mudo con ellas. En un principio el seguía amable como antes pero poco a poco noto que la miraba mucho y no era para mas. Ella siempre había sido muy agraciada, espigada, delgada, no demasiado alta pero muy proporcionada pecho firme, redondeado, abundante, cintura marcada y anchas caderas. Y no sabia por que pero el hecho de que la mirara no la molestaba, constantemente estaba en rivalidad con su madre y eso la hacia sentirse un poco superior. En el colegio siempre usaba el uniforme muy ceñido a pesar de estar prohibido, aunque desde que se mudara Enrique trataba de usar ropa holgada en casa. El llevaba varias semanas viviendo con ellas y aun así nunca se habían quedado solos.

Sin embargo un día a mediados del verano antes de ir al colegio su madre le anuncio que llegaría de madrugada y Enrique les dijo que tendría una reunión y también llegaría hasta tarde, así que al volver por la noche tendría la casa para ella. El clima era muy caliente y el ventilador de poco servía así que se quito el uniforme quedándose solo con el tanga y se puso un delantal para hacer algo de comida. Estaba tan concentrada que no oyó que la puerta se abría, aunque tendría que haber estado muy atenta para oírla pues se abrió con sumo sigilo. Enrique entro muy despacio y la observo por la espalda durante un momento. Lo había planeado así para estar solo con ella pero no se esperaba que estuviera tan bien preparada. Sus nalguitas se acomodaban divinamente entre el tanga y el delantal bien ajustado en la nuca y la cintura solo llegaban a tapar los pezones que se notaban erizados. El ya había notado que los tenia sensibles ya que una vez “sin querer” los había rozado y había notado como se marcaban suavemente en su blusa escolar.

Se acerco calladamente hasta quedar casi pegado en su espalda, inmediatamente le dijo al oído de manera juguetona –Esa verdura se ve muy fresca- ella sorprendida intento darse la vuelta pero el no lo permitió pegándose completamente en su espalda. Ella le dijo muy confusa que no lo esperaba. –Ah es que la reunión se cancelo ¿sabes?, no pensé que estarías tan cómoda, pero me gusta mas así que con esas ropas que sueles usar a menudo.- Ella hizo ademan de irse pero el pasó una de sus manos por su pecho acariciándolo, recorriéndolo suavemente en círculos, sus pezones se endurecieron aun mas en un instante, el delantal se notaba tenso. –Creo que debería irme a mi cuarto ahora- le dijo ella, pero el si decir nada comenzó a acariciar uno de sus muslos, era terso y firme y siguió subiendo hasta llegar a su tanguita que noto húmedo. –Pues tu cuerpo me indica que no quieres moverte de aquí- le dijo el, ella se quedo callada y Enrique siguió hablando –¿Sabes? Si no te hubiera conocido, jamás hubiera pensado en casarme con tu madre pero en cuanto te vi note el potencial que tenias, no hay muchas chicas que parecezcan estar hechas para el sexo tanto como tu lo estas.-

Mientras hablaba, Sandra sentía que el miembro de Enrique crecía entre sus nalgas y se sorprendió notando que sus palabras solo hacían crecer su excitación. Usaba un tono bajo justo en su oído, como la seda. Uno de sus dedos ya se había colado dentro del tanga buscando su perla, de manera instintiva sus nalguitas se respingaron, el la acariciaba muy lento y suave tomándose su tiempo. Ella conocía el sexo desde que tenía quince años, sin embargo los encuentros que tuvo después no la dejaban satisfecha. Tampoco le daban mucha oportunidad pues siempre acababan muy deprisa. El que se tomara su tiempo la hacia excitarse mucho. Después de un rato el se incó detrás de ella y haciendo a un lado el tanguita pero sin quitarlo empezó a chuparla lento, ella jadeaba suavemente sujetándose de la barra de la cocina. Justo cuando noto que tendría un orgasmo, Enrique se detuvo y poniéndose de pie saco su poderoso miembro, paso la punta jugueteando con ella un poco, noto que se tensaba y sujetándola de las caderas empujo hasta llegar al fondo, provocándole un orgasmo que ella nuca había sentido, grito de placer y el empezó a bombear con ritmo. Al hacerlo le dijo –Estoy seguro de que nunca habías sentido algo como esto pues un adolecente de tu edad al sentir como succiona tu coño seguro se corre en un segundo… ¿o me equivoco?-. Jadeando ella le dijo que tenia razón –Además nunca había tenido uno tan grande dentro de mi, siento que me llena por completo y aun así no quiero que te detengas.- El siguió bombeando mientras sus manos desanudaban el delantal de Sandra que cayó al piso. Sus pechos se bamboleaban como locos el los tomo en sus manos acariciándolos, masajeándolos, al tomarlos sintió como el coñito de Sandra se estrechaba y eso le encantaba, su miembro no se detenía, iba cada vez mas rápido y mas duro, la tomo por las caderas empalándola una y otra vez hasta que sin avisar exploto dentro de ella haciéndola gritar, de nuevo supo que ella se corría también. Sintió como el coñito de Sandra se bebía su leche, como sediento, la sensación era impresionante, nunca había tenido una chica que tuviera un cuerpo como el de ella. Verdaderamente había nacido con instintos sexuales innatos.

Desde la primera vez que la viera supo quería entrenarla. Entrenarla para que solo lo aceptara a el, en cualquier momento en cualquier lugar y durante el tiempo que el quisiera. En cuanto la penetro y sintió la calidez de su interior supo que había acertado con ella. Mientras la bombeo se había corrido varias veces y aun aguantaba. Su erección no cedió así que le dio la vuelta y la sentó en la barra frente a el, hizo que le rodeara la cadera con sus piernas y empezó a follarla con fuerza desde el principio, sentía que embonaba perfectamente dentro de ella. El sabía que ella tomaba la píldora así que no se preocupo de nada. No se detuvo hasta que vio que ya era tarde y le dijo que su madre no tardaría en llegar. Y ciertamente unos minutos después oyeron unos pasos fuera del departamento y en cuanto ella entraba a su cuarto oyó a su madre saludar a Enrique.

En su cuarto mientras buscaba algo que ponerse se coloco una bata encima, aun no creía lo que había pasado, estaba sorprendida y le remordía la conciencia sin embargo al recordar a Enrique dentro de ella se sintió excitada y sabia que no se resistiría si volvía a pasar. Mientras ella estaba distraída pensando en eso no oyó que la regadera del baño se accionaba y que Enrique entraba a escondidas a su cuarto sintió que una mano tapaba su boca y antes de darse cuenta Enrique ya la había penetrado de espaldas nuevamente –No podía desperdiciar la oportunidad- le dijo. La puso a cuatro sobre la cama y ella escondió la cara en una almohada para ahogar sus gemidos, la sujeto por los hombros y el la poseyó durante todo el tiempo que su madre ocupo en ducharse. En cuanto oyó que cerraba la llave la lleno con su leche. Ella cayó desfallecida pero completamente satisfecha sobre la cama mientras el salía para recostarse sobre su propia cama y fingir que ya dormía.

Así empezó el entrenamiento.

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