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El amor a alta velocidad

¿Puedo bajarme los tirantes? -le pregunté afectuosamente a Jorge.

-Por mí, quítatelo todo. Está terrible ese traje. -me respondió sin voltear a verme, tumbado de panza con la vista fija en el cielo.

Mar adentro, Mariano nos invitó a bucear.

-En esta parte hay una pluralidad de pequeños peces fantásticos de intensos colores y también increíbles formas. Merece la pena que bajen, no se arrepentirán.

Jorge rechazó la convidación con un giro de cabeza. -¡Yo si voy! -afirmé decidida, con y también

l deseo de practicar un tanto el buceo, que había descuidado desde cara múltiples años.

Con el peso de los tanques bajamos de forma rápida hasta una roca cubierta de algas. Los peces nos rodeaban sin prestarnos atención. Mariano se aproximó y me envolvió con por detrás. Me mantuvo de los senos y con auténtica maestría me desprendió el traje de baño. Sus labios volvieron a hundirse entre mi vagina hasta perder el aire. Una bocanada de oxígeno y volvía a su empresa, ahora mordía con suavidad mi clítoris. A lo largo de un buen rato jugamos uno con otro. Nos acariciamos y por último me tuvo en las profundidades del océano Pacífico, ahí donde nunca me imaginé poder competir con la furia del mar.

Ya no se trataba de una simple y casual cogida. Era más que eso. Los sonidos en la profundidad del mar son como las armonías preciosas de nuestros mejores sueños, la iluminación del sol pasando por medio de las aguas, los peces danzando a nuestro alrededor y la incesante lucha por no perder la respiración que nos hace discutir entre la vida y la muerte, todo ello era nuevo para mí. Tanatos y Eros ahora se unían a Neptuno en una orgía inacabable. El grito contenido en las profundidades, el éxtasis en un planeta mágico. Era el retorno al feto, a la vida intrauterina. La marea nos balanceaba con la cadencia de una madre que lleva en sí la vida de alguien a quien ama. El agua nos albergaba. Algún recuerdo limitado y menguante de la noche precedente se apagó tras la evocación en silencio de una bella armonía, mientras que proseguía gozando del abrazo de Mariano que hacía latir mi vagina con sus tiernas embestidas. De esta forma unidos, fusionados, derretidos en un solo cuerpo, nadamos hasta la superficie, culos toroporno rubias 19 puritanas.com revista clima videosmadurasx factoria arnaldo redtubeespañol ubias19 yonkis tv tubias19 19rubias lucia la piedra wikipedia msduras xxmaduras topcaseras ruibias19 alrincom madurax fotosdetiasbuenas bravotube follarea pprnogratis rubuias camsamateur tias buenas en sujetador morbocornudos.com www.puritanas.com videos porno en español ruboas.

Segoviano, el asistente de navegación, nos lanzó la escalerilla. Mariano se adelantó para darme ocasión a ponerme el traje de baño.

-Su amigo se decidió al final, y ahora ha de estar buceando por allá. -apuntó en sentido contrario a donde nos hallábamos .

La tarde caía. Jorge había comido con gula y bebido como cosaco.

-Fue el buceo lo que me despertó el hambre.

Un tanto mareada por el cognac decidí acostarme en entre los camastros. Jorge tomó otro y lo acomodó junto a mí. Mariano hizo lo mismo, dejándome entre los dos. La salida de playa era corta y sin el absurdo traje de baño se me ajustaba al cuerpo dibujando mi desnudez total. El cognac comenzaba a surtir sus efectos liberadores, no obstante, proseguimos tomando entre conversas y risas hasta quedarnos dormidos. Ya había oscurecido cuando los labios de Mariano me despertaron. Al verlo, puso el índice sobre los labios en señal de silencio y con la cabeza ordenó que lo prosiguiera. Bajó cara el camarote y cuando descendía me detuvo sobre las escalerillas con la cabeza todavía sobre la cubierta.

-Voltéate -me rogó, -si viene Jorge haces tal y como si fueses saliendo.

De esta forma de espaldas comencé a sentir su lengua recorriendo mi clítoris. Nuevamente estaba caliente. -Penétrame por detrás -le supliqué. Mis pezones eran 2 enormes granos de café que medraban más al percibir sus palabras al oído: -Tienes las tetas duras y firmes, son melones frescos y jugosos, muévete, balancéate, siente la cadencia del mar, siente la cadencia de mi verga, te estoy penetrando hasta el final de tus fantasías, navega por el mar de mi cuerpo, nuestras humedades son los ríos que nutren este mar abravecido, tus movimientos son el oleaje del mar y cada gemido es la música de este enorme océano. -Muévete y castígame sin prisas, suave, suave, suave….- afirmé implorante.

Lo tenía realmente duro, muy duro. Lo sacudía de un lado a otro mientras que me introducía un dedo hasta tocar una zona inexplorada que me prodigaba el placer de sentirme puta entregada por completo y sin inhibiciones a las más estridentes pasiones del cuerpo. Es el punto G, me afirmaba a mí, no puede ser otra cosa que eso. Con mis líquidos lo expulsé escalera abajo. De repente sentí que algo rodeaba mis 2 tobillos. Un click llamó mi atención y entonces me vi aprisionada por dos grilletes. -¡Qué juego es este? -protesté confundida. ¡Shhhh! Soporta -afirmó Mariano sin dejar de chupetearme. Su lengua me devolvió al goce haciéndome olvidar aquella travesura. Al correrme nuevamente, mojé la faz de Mariano quien se recreaba sorbiendo mis apetecibles jugos. Pasando sobre mí, salió cara la cubierta para volver a su camastro. Jorge proseguía durmiendo.

Yo no comprendía aquel juego que comenzaba a fastidiarme. No podía vocearle a Mariano por miedo a despertar a Jorge y no sabía de qué forma quitarme estos grilletes puesto que tampoco podía moverme.

Aún con la cabeza cara la cubierta pude observar que Jorge se incorporaba y no tuve más antídoto que llamarlo con la voz más baja que pude. -¡Ven, ven, ven! -le invoqué simulando el canto de las sirenas. Al acercarse, se arrodilló y lo besé intensamente. Le murmuré al oído cuánto lo amaba y cuánto lo deseaba. “He inventado un juego para ti, le afirmé. ¡Asómate!”. Entonces le dejé observar hasta el último peldaño en donde mis pies estaban atrapados por esas cadenas.

A Jorge le encantó la idea, mas fue más allí. Me vendó los ojos y me anudó las manos a exactamente la misma escalera. Entonces me desvistió. Un silencio sepulcral se hizo de súbito. El mar rugía y percibía el golpeteo de las olas contra la embarcación sin lograr a adivinar dónde podría estar Jorge. -¿Estás ahí, Jorge? Contesta: ¿Estás ahí?. ¡No juegues! ¡Tócame! ¡Hazme el amor!. No pierdas el tiempo. Mis ruegos fueron vanos. Ni Jorge ni Mariano respondían.

Pasaron múltiples minutos cuando sentí una pluma a través del cuerpo. Sentía más cosquillas que placer y protesté. Jorge no respondió y comenzó a besarme los muslos de afuera cara adentro, de arriba cara abajo. Se detuvo en los pies. Lamió cada uno de ellos de mis dedos como jamás lo había hecho. Aproximó a mis labios una cereza bañada con Amareto y la segunda me la pasó de manera directa con sus labios. Por un buen rato me besó con fruición mientras que me pellizcaba los pezones y me penetraba. Un extraño calambre invadió mi cuerpo candente, deseaba abrazarlo; verlo, mas la imposibilidad acrecentaba mi excitación poco a poco más. Mordió mi clítoris hasta hacerme venir agitadamente. El proseguía sacudiéndose en mí y a puntito de eyacular lo puso en mi boca haciéndome tragar todo el semen. Mis labios lo absorbían deseoso, me lo tragué entero y no deseaba dejar de chupetearlo, mas lo retiró en silencio.

-¡Qué rico me lo hiciste, mi amor! Le afirmé con toda sinceridad.

-¡Penétrame otra vez, por favor!. Volví a sentirlo en mí a lo largo de largos minutos ya antes de correrse de nuevo. Su silencio me provocaba un estado de ansiedad que iba del temor al placer.

Al posar las manos sobre mis piernas sentí el aroma del bronceador y supuse que me daría un masaje por medio de todo el cuerpo. De este modo fue. Totalmente desnuda comenzaba a sentir la brisa fresca del mar, mas el calor que sus manos le empapaban a mi piel me hacía olvidar cualquier incomodidad hasta el cansancio de continuar tanto tiempo de pie sobre esa escalerilla de madera. El masaje me relajó lo bastante mas volví a calentarme. Le pregunté por Mariano y no me contestó; entonces un pálpito me invadió, mas no deseé preguntarle si era Mariano. Le solicité que me acariciase nuevamente. Lo hizo y entonces pude darme cuenta de que aquellas manos no eran tan grandes como las de Mariano y sentí un ligero reposo de conciencia. Jorge pasó sobre mí y salió del camarote sin vocalizar palabra alguna. De súbito sentí que alguien me liberaba de una mano y tras hacerlo escuché de qué forma se distanciaba apuradamente. Me desprendí la venda de los ojos, retire la amarra de mi otra muñeca y hallé a mi alcance las llaves del candado del grillete. Me vestí y salí a cubierta.

Jorge y Mariano se hallaban en el comedor pelando los últimos camarones de una gran mariscada a puntito de morir. Los dos habían bebido demasiado y se veían bastante borrachos. Había pasado un buen tiempo desde el momento en que Jorge me había amarrado Y apenas varios minutos de haberme dejado en el camarote. ¿De qué manera era posible que estuviera ebrio en tan poco tiempo? Entonces, ¿Quién me había hecho el amor? No pudo haber sido Mariano ni Jorge, puesto que los dos estaban juntos y borrachos. Pensé en Segoviano y sentí asco. ¡Guácala! Unmulato panzón y ridículo haciéndome el amor! ¡Guácala! Eso es despreciable. No obstante, pronto descubrí que Segoviano tampoco pudo haber sido puesto que supe que no se había despegado del comedor para nada.

Jorge me observó con curiosidad y frunciendo el ceño, me preguntó:

-¿De qué manera te conseguiste soltar?

Ante el interrogante quedé estupefacta. No sabía que responder. Si no habían sido… ¡Entonces! ¿Quién?

-Ya ves, una se da sus mañas -afirmé orgullosa y sonriente como restándole relevancia al hecho. Entonces me aproximé inmediatamente a Jorge para decirle que se veía muy, muy guapo, de esta forma bronceado y con esos pantalones marinos.

Un tanto adolorida de tanto trajín decidí ponerme al parejo con ellos. Solicité un cognac y tomé uno tras otro hasta marearme. Jorge y Mariano estaban en el punto de las incongruencias. No comprendía su charla, conque procuré darle un giro y proponga la posibilidad de continuar esa noche en altamar. Los dos asintieron y Mariano instruyó a Segoviano para contar con lo preciso.

En el salón bar nos acomodamos sobre unos cojines a percibir música. El silencio era agradable. Me dejaba traer a mi psique la imagen de Jorge cuando lo conocí… Lo recordaba en el corredor del hotel, con un libro de magia en la mano, mirando en ocasiones los colores intensos del cielo. Esa tarde charlamos de alquimia, inquisición, brujería y hechizos. Jorge afirmó que exactamente trataba de reconstruir el pensamiento mágico de las sociedades medievales y establecer desde su cosmogonía, la rotura del hombre con su naturaleza erótica. Mientras que las brujas y magos se afanaban por rencontrarse con su naturaleza, los cristianos se empecinaban por refrenarla hasta su muerte misma, hasta la negación del cuerpo a cambio de una inexistente vida futura. Añadió que los grandes descubrimientos de los alquimistas no se reducían a las aleaciones de los metales sino más bien a la entendimiento de la química humana y de algo que pudiese ordenarla para sostenerla en armonía con el cosmos y ese era justamente el motivo de la muy frecuente busca de la piedra filosofal. No se trataba, de ninguna forma, de alargar la vida sino más bien de hacerla más intensa. Esa es la filosofía de Erófanes, me afirmaba. Esos pensamientos corrían ahora por mi psique con una claridad prístina, al fin conseguía comprender el alcance de sus ideas. Química y vida intensa eran los sinos de esta aventura, de este mágico despertar a las pasiones sin la cantinela de las culpas a cuesta. Erófanes era la vida misma sin disimulos ni simulaciones. ¿Por qué razón disimular las pasiones? ¿Por qué razón simular el amor?

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